viernes, 20 de mayo de 2016

MÁS ALLÁ DEL POSICIONAMIENTO


Imagina que a Narciso le fuera el sadomaso. Algo así son los  filósofos que más me gustan. Me explico. Pensar «correctamente» casi siempre pasa por llevar la contraria. Dialéctica, lo llaman. Y la contraria hay que llevársela a tirios, a troyanos y especialmente a uno mismo, a pesar de nuestras inclinaciones naturales. 

Ya no me halaga que los pensadores «me den la razón». Tal vez por eso no lea más, por ejemplo, a Cioran; son tantas mi empatía y aprobación, me reafirma tanto en lo que ya siento y pienso, que automáticamente empiezo a sospechar de mí mismo.

Poco a poco he terminado perdiendo la fe en la razón; en tenerla, quiero decir. La razón no se tiene sino que se construye, no es una posesión sino un constructo. Y el único modo de evitar que se derrumbe es amurallándola… Pero a mí ya no me interesa apuntalarme a mí mismo. El desafío hoy es no tener razón; es decir: no creer tenerla, porque en rigor tenerla no la tiene ni el proverbial apuntador ni mucho menos un supuesto dios.

Pensar rigurosamente pasa por hacerlo más allá del posicionamiento, de lo que me seduce o aterra, favorece o perjudica. Nietzsche lo dijo mejor: más allá del bien y del mal


miércoles, 11 de mayo de 2016

VIVIR ES UNA FORMA DE OBEDIENCIA





Gente que, por ejemplo, para hacer el bien necesita un dios o varios. (La principal ventaja de tener dios es la autosuficiencia, poder desechar cualquier otra creencia; y además sirve para dar por supuesto que te hace caso alguien importante.)
También hay creyentes en nuestra futura vida extraterrestre.
En cualquier caso, la peor religión es siempre la misma: creerse muy listo.

Gente únicamente capaz de apreciar la belleza de un pedazo de tierra cuando es de su exclusiva propiedad y lo han vallado por completo.
Gente con un serio complejo de interioridad. Sus aullidos de bote.
Gente tan vanidosa que subraya los libros convencida de mejorarlos.
Peligrosos humildes con afán de protagonismo.

Gente a la que parece bastar con ridiculizar una idea para creer refutarla, que gana la lotería y supera su marxismo.
Gente que donde dijo «valor y alegría» dice «diversión y precio».
Iguales en la mediocridad, no en la excelencia.
Irresponsables con ínfulas y presuntos méritos.

Gente que sólo entiende aquello con lo que ya estaba de acuerdo.
Gente que se quiere muchísimo siempre y cuando.
Gente al borde de la asfixia por sumersión permanente en sus intransferibles y respectivos ombligos.
Gente cuya vanidad es más fuerte que su falta de talento.

Gente que hace donaciones y saca el codo deliberada y sutilmente para hacerse con un buen asiento libre en el transporte público.
Jóvenes hipnotizados que te miran como si fueses otra pantalla.
Espectadores que en el estadio miran una pantalla más grande, a veces tardan segundos en darse cuenta de que aparecen ellos mismos, ¡se alegran tanto!

Gente capaz de ser mansa por soberbia y generosa con avaricia, bendecir el mal, mentir de corazón y robar sin ánimo de lucro.
Gente capaz de vivir hasta ya no poder limpiarse el culo a sí misma.

Mentes tatuadas, cerebros sin alma, cipotes con funda y drogados ovarios.
Empresarios de ideas, pensadores a sueldo, desalmados mercenarios de su propia inteligencia.
Rebeldes de catálogo, propietarios fungibles, gurús de sofá nórdico, mando a distancia y pizza grasienta.
Exhibicionistas de una insaciable vaciedad. Ni héroes ni antihéroes: actores de reparto sin texto.

¡Y si actores, deportistas y demás constelaciones de estrellas del espectáculo son nuestros ídolos, que baje del monte un moisés y que nos ponga firmes!
Lo peor de los encantadores de serpientes, ¿no son las serpientes? ¡Ay el fangoso y oculto rencor que les guardamos a quienes nos han seducido…!

¡Bienvenido al planeta Tierra! ¡Bienvenido seas tú, usuario tipo e individuo, asalariado consumidor y telespectador votante!
¡Pasa, boquete con patas, y paga tus compras! Tenemos éticas de ocasión, rosas de plástico, señuelos del placer, necesidades ficticias, prejuicios de valor y noticias a la carta.
Actualidad tenemos a raudales, ¡lee más rápido!, tenemos todos los colores de la rabiosa enfermedad de nuestros tiempos.
¡Entra, saca la tarjeta de crédito y hazlo todo tuyo! Aquí saciarás incesantemente un saco roto llamado deseo.

¡Porque seguimos a pan y circo! ¡Oh centros comerciales y fútbol! ¡Oh economía de consumo y sociedad del espectáculo!
Y esta noche me pregunto si habrían seguido procreando los humanos de hace apenas un siglo (por no hablar de los de hace milenios) si hubieran sabido algo de nosotros, de sí mismos.

El lobo es un perro para el hombre; animales domesticados y miles de millones de humanos son los únicos que hacen diariamente lo que no quieren en su fuero íntimo.
Necesitamos olvidar que cada día laboral nos roba un tercio o más de vida. Cuando no puedes desobedecer, ¿eres libre?
No vemos los barrotes porque estamos en peceras, pero hínchate a reír unos minutos y te elevarás unos segundos.

¡Oh civilizaciones erigidas sobre mentiras edificantes!
¡Cuanto más arriba trepe el mono, mejor exhibirá su culo!
¡La pescadilla que se muerde la cola intenta comerse el mundo!
¿Colonizaremos Marte y habrá guerras interplanetarias?

Una vez cubiertas las necesidades básicas, el siguiente paso suele ser complicarse la existencia.
Y el colmo de nuestra adulterada democracia es acusar de injusta y no igualitaria a la naturaleza.
«Democracia», por cierto, es buen ejemplo de lo peor que le puede pasar a una buena palabra.
Y es que pensamos para convertir nuestros prejuicios en verdades, como los burros en la noria.
¿Será que uno es siempre bastante peor de lo que está dispuesto a admitir ante sí mismo?

Lo peor que le puede ocurrir a un virus es cobrar conciencia, sí, pero vivir es una forma de obediencia y todos nosotros somos inocentes bestias.
Y al menos una cosa debería haber quedado bien clara: o se niega la vida o se abraza el absurdo.

Así que refina tu odio y destila tu bilis: ¡sé un monstruo delicado!
¿A quién culparás de tu cobardía y envidia?
¿La autoestima? Es teatro del bueno.
Ser o estar vendido, ¿no es ésa toda la cuestión?
Y amar a cuatro patas. (Imaginar a tus padres procreándote, progenitores sumergidos en la animalidad sincera de nuestra carne purísima, entre gemidos y embestidas, lo relativiza todo bastante.)

Mira: los tres puntos sobre las íes del precipicio son suspensivos.

Piénsalo un solo momento y después sonríe: bajo la cara tienes una calavera.




jueves, 5 de mayo de 2016

LA FABULOSA FUERZA DE LA SANGRE


Me pillo unos empalmes leyendo a Casanova... También me río mucho y me asombro de su pasmosa naturalidad, de su elegancia, precisión y economía expresivas. 

¡Quién hubiera nacido en la Venecia del siglo XVIII! Casanova fue un pícaro ilustrado, un hedonista realista, un racionalista sensual que no olvidó la alegría del cuerpo, «la fabulosa fuerza de la sangre». 

«En el rostro del ángel que yo amaba —dice después de pasar la noche con un querubín hembra— veía amor, amistad y satisfacción. ¡Qué gran placer sentirse feliz! ¿Se puede serlo sin sentirse uno así? Dicen los teólogos que sí. Hay que enviarles a pastar hierba.» 

Le gustaba la poesía pero su temperamento y descaro no podían expresarse enfundados en el corsé poético de su tiempo. Las escenas de cama las relata con lo que llamaré un petrarquismo prosaico de logradísima expresividad, siempre en la cuerda floja entre lo explícito y lo sugerido. Te dice elegante lo estrictamente necesario para que te imagines el resto; consigna lo justo para que lo veas todo

Se pasó la vida buscándosela para andar siempre entre «nobleza rica, mujeres bonitas y gente instruida». Lo consiguió la mayor parte del tiempo. Y cuando empezó su declive físico, se metió a bibliotecario y se dedicó a redactar la dicha y la aventura de su vida previa. 

Escribió, por cierto, en francés, al parecer bastante macarrónico. También parece ser que la edición canónica de su obra está bastante arreglada por los editores. Y sin embargo su obra rezuma vida.

Sea como sea, la traducción de Atalanta, a cargo de Mauro Armiño, es excelente. Hacía mucho que no leía una obra tan bien traída al castellano.

viernes, 29 de abril de 2016

EL PEOR TIPO DE ESCLAVITUD ES LA INCONSCIENTE



Alguien que una tarde abarrotada y luminosa, tumbado en la playa, copa en mano, sonriente, gafas de sol y bañador discreto, barrigudo, canoso, dos infartos de miocardio en el cuerpo;
alguien que posa ante un teléfono inteligente para una foto que acabará en breve en Facebook y despertará tanta envidia como alegría y megustas;
alguien que exclama con satisfacción sincera y mucho orgullo haberse pasado la vida trabajando y que, por suerte, hoy, finalmente, lo disfruta,
¿no es un esclavo retirado, un mono satisfecho de haber pagado su jaula de tantos metros cuadrados a plazos?

Cambian los tiempos, cambian los señores; / los que no cambian nunca son los siervos, leí hace mucho en una antología que estará en alguna caja
en casa de mis padres. Lo de la antología viene a que no tengo ni he tenido libros de Aquilino Duque, autor de esos versos.
El título de estas líneas, por cierto, es un afortunado estacazo verbal de George Orwell.  

martes, 19 de abril de 2016

A DIFERENCIA DE LA RIQUEZA, LA ESTUPIDEZ ESTÁ BIEN REPARTIDA



Entiendo bien a Ganivet: «La plebe es baja y ruin, pero con bajeza y ruindad naturales. La verdadera ruindad y bajeza está en la plebe adinerada, que se sirve de la riqueza para realzar su villanía.»

Aunque el pozo del odio sea venenoso, admito mi rencor de clase, propio del desclasado hijo de obreros, del descarriado descendiente de siervos, no en el lumpen sino en la elevación del conocimiento.

Mi amor por mis raíces alimenta mi repugnancia por el necio. La necedad del esclavo resulta en cierto modo comprensible; la del amo, en cambio, es siempre inexcusable y digna de desprecio.

Ángel y yo, como otros muchos, somos de la jauría de quienes quieren salvar a la Humanidad con tanto ahínco que se les desatan los más puros instintos, pero tan delicada animalada no es más que pensamiento.

(Unos versos de Rubén Darío lo dicen mejor: Despertaba libélulas, cazaba mariposas / y tornaba a su fuerte torre de pensamiento.)

Supuran mis palabras el mejunje de nuestro ansioso anhelo de venganza, de nuestra acostumbrada impotencia.


martes, 12 de abril de 2016

BATALLA ENTRE FERNANDO FERNÁN GÓMEZ Y BORGES EN UNA ENTRADA DE FACEBOOK

Samuel L. Jackson y Leonardo DiCaprio en Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012).


«En España no sólo funcionan mal los que mandan, sino también los que obedecen.» Eso decía el valiente y admirable cascarrabias Fernando Fernán Gómez. Hace años (antes de llevar yo veinte en el extranjero y con bastantes menos lecturas en las alforjas) esa frase me parecía de lo más certera.

Hoy le pongo un reparo. Sí, sí, Fernando; en España y en toda tribu, imperio o estado nación, al menos desde que existen registros históricos...

La sentencia de Fernán Gómez resulta en cierto sentido esperanzadora, puesto que parece dar implícitamente por sentado que en algún lugar, alguna vez, no fue o es así.

En fin, que yo le enmendaría la plana al ínclito autor e intérprete y —si me lo permiten ustedes y ustedas— dejaría sus palabras en cinco: «No hay amos sin siervos».

Pero para no cerrar las puertas a la ilusión, remataré estas líneas con otra cita, esta vez de Borges: «Ojalá merezcamos no tener gobierno». 


miércoles, 6 de abril de 2016

DESHIELO

Lluvia, óleo de Han Hong Park.


La nieve se derrite en la ciudad, y plásticos y envases y colillas, invisibles durante el invierno, yacen sobre la hierba ajada y los arcenes como reliquias del supermercado.

Bajo del bus, camino al parque, enciendo un cigarrillo y miro el mundo. Un viejo merodea cabizbajo en busca de botellas de cerveza, setas de vidrio, hongos reciclables; podrá sacar algunos euros si hay suerte.

Los coches van y vienen derramando gas, envoltorios y ruido por las calles. La luz del mediodía cae a rachas, tenue, tamizada por densos nubarrones. Un viento intermitente azota las desvalidas ramas de tres álamos.

Retumba un trueno amenazante. Termino el cigarrillo y se desata una tormenta. Arrojo la colilla al barro y me apresuro a guarecerme. Poco después llega a la marquesina el viejo, empapado y con la bolsa a rebosar.