miércoles, 16 de diciembre de 2015

MENUDA PESTE A MANSEDUMBRE

Suena el despertador y en tus pliegues encefálicos la película de anoche trasformada en sueño lúbrico retumba fogonazos y regurgita en tu recuperada conciencia.

A tientas enciendes la violencia de una lámpara. Tras las cortinas las farolas atenúan el alba. Te llega amortiguada la mecánica marea del multitudinario motor de la autopista
cercana.

Se enciende una ventana como un mundo en un bloque de enfrente. Estás solo, sí, pero no eres único. Acudes al espejo, un bostezo, un guiño y reafirmas decidido tu persona contemplándote. Te quitas cuatro granos y esa barba terca.

Te duchas, te masturbas, te uniformas. Café, pan integral, pastillas varias, pantalla, titulares, treinta anuncios y la obligada ración matutina de correo electrónico.

Ausente y cabizbajo escuchas ruido rítmico en tus orejeras estereofónicas mientras el ascensor desciende con otros dos vecinos dentro. Los tres oléis a reses frescas. Menuda peste a mansedumbre.  



sábado, 12 de diciembre de 2015

EL NACIMIENTO DE LOS ÍDOLOS

Decoración de una vasija ática del siglo VI a. C.
Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.


De las llamadas ciencias humanas, siempre he sintonizado especialmente con la perspectiva antropológica. Se ocupa del hombre sin olvidar a la bestia, sin perder de vista que seguimos siendo un animal más:

«La especificidad de la sexualidad humana.— La hembra humana es la única entre los primates que no tiene periodo de celo: no se pone "caliente" durante la ovulación. Durante algo menos de 4 millones de años —momento en que los  biólogos moleculares sitúan la separación entre homínidos y chimpancés— la hembra humana no ha tenido la capacidad de atraer a los machos únicamente durante la época más propicia para concebir. Permanentemente atractiva, permanece receptiva incluso durante el embarazo, toda una anomalía entre los seres vivos. En consecuencia, la preocupación sexual rara vez está del todo ausente en nuestra especie: sólo durante la infancia y la vejez extrema experimentamos largos periodos de calma sexual, que es lo más habitual entre los demás mamíferos. A la rivalidad entre los machos permanentemente excitados se ha de añadir la no menos tenaz rivalidad entre las hembras. Cada una de ellas se esfuerza al máximo por no resultar menos atractiva que aquellas a su alrededor, echando mano de astutos dispositivos con los que paliar, digámoslo así, el irresistible atractivo del celo. Así es como la naturaleza da paso a la cultura.» (Claude Masset, «Prehistoria de la familia», en Historia de la familia, eds. Burguière, Klapisch-Zuber y otros, París, 1986).

¡Y entonces fue —añado yo— cuando brotó la religión! 

Sin haberle dedicado reflexión suficiente al asunto, tiendo como un resorte a sospechar que la religión, al menos en su nacimiento, estaría íntimamente relacionada con la frustración sexual. Me explico: al primer homínido débil o enfermo —y por eso mismo más sensible y pensante— con el que la manada no contó para procrear, a ese infeliz no le quedó más remedio para sobrevivir que la sublimación del instinto. (Además, probablemente, estuviera puesto hasta las trancas de alguna planta alucinógena...) 

De ahí a divinizar la fertilidad femenina no había más que una zancada. El siguiente paso, la divinización del macho, ya no es prehistoria sino historia, como testimonia el culto de los helenos al falo.



sábado, 28 de noviembre de 2015

SEXO Y TRISTEZA


La furgoneta se mueve ligeramente arriba y abajo al compás de las embestidas. Aunque son más de las dos de la noche de un domingo invernal, de cuando en cuando pasa algún que otro transeúnte junto al automóvil. Las ventanillas empañadas, además de hacer de cortinas, confirman lo que el ligero vaivén de la carrocería hace suponer.
—¿Así? —pregunta el chaval, probando a moverse desde otro ángulo y separándose menos a cada sacudida, como queriendo que sus entrepiernas no dejen de estar en contacto ni una décima de segundo.
—Sí —miente ella, disimulando el dolor en la penumbra—, así está bien.
—¿Así te gusta? ¿De verdad?
—Sí, mi amor, sí.
Están en los asientos traseros. Ella debajo, medio desnuda y despatarrada, inerte, la cabeza le choca contra una de las puertas laterales con cada vaivén y con las manos amortigua los golpes, y él encima, encabritado, sudoroso y jadeante, los brazos en tensión, como dos pilares, contrayendo y endureciendo el culo a cada ida y relajándolo a cada venida.
—Te gusta así, ¿verdad? ¿Verdad que te gusta? —insiste él, acelerando el ritmo.
—Sí. Sí... Así.
—Tócame, tócame —gruñe él.
—Sí… Así… Ay… Así… —sigue correspondiendo ella. Y le agarra de las nalgas.
—¡Agj! ¡Agj! —los ojos cerrados, una mueca de éxtasis desfigurándole el rostro.
—Sí, sí —ella, con algo más de énfasis—, así… Sí… Sí…
—¡Aaaaagj! —sentencia el chico.
Y baja. Y se besan. Y se desploma sobre ella.
Al poco se separan. Ella le quita inmediatamente el preservativo y comprueba que no  tenga fugas. Él se queda tranquilo, satisfecho, desperezado, los ojos cerrados y los pantalones por las rodillas, jadeante como un animal, y se enciende un cigarrillo. Ella alcanza su bolso del asiento delantero, saca un pañuelo de papel y se limpia ocultando su asco, luego abre la ventanilla y lo tira. A continuación se sube las bragas, se baja la minifalda, se coloca un poco la blusa y se atusa con un retoque el matojo de pelo revuelto.
—Quita —le dice al chico.
Él da una calada y exhala el humo hacia el techo de la furgoneta antes de hacerle caso. Echa las piernas a un lado y deja que la chica pase al asiento delantero. Después vuelve a ponerse cómodo y da una nueva calada, y otra más, y al final lanza la colilla por la ventana.
—Así que te ha gustado ¿eh? —dice el chaval, empezando a subirse los calzoncillos.
Ella no dice nada, sigue pintándose los labios en el espejo retrovisor.
—¿No contestas? —apretándose el cinturón.
—Sí, sí, ha estado bien. —Se relame a sí misma, guardando el pintalabios. Después mira al frente y dice: — ¿Nos vamos?
El chaval pasa al volante y arranca la furgoneta mirando a la chica.
—¿Qué te pasa?
—No —dice ella—, nada. Que ya es tarde y ya sabes cómo es mi padre.
—Sí.
Por fin, da marcha atrás y —describiendo un cuarto de círculo— la furgoneta sale de la hilera de utilitarios aparcados en batería, frena, parece inmóvil un instante y luego vuelve a ponerse en movimiento en sentido contrario, hasta abandonar esa calle.
A los pocos segundos un inquilino de esa manzana que lleva ya rato buscando aparcamiento, llega, frena y ocupa el hueco.

  
  

domingo, 8 de noviembre de 2015

NEUTRALIDAD Y RIQUEZA




Déjate de correos electrónicos y de telegramas telefónicos y escríbeme una carta de las de antes, que el correo suizo funciona como sus proverbiales relojes. Todo lo que sean números (horarios, cuentas, dividendos, tantos por ciento, intereses, etc.) lo perpetran los helvetios con acerada precisión. El impersonal mundo de las cifras se les da de maravilla; no así el personal, prácticamente incapaces de entender las relaciones afectivas salvo en términos contractuales. 

El grueso de la sociedad suiza es una tribu de reaccionarios con las necesidades básicas tan cubiertas como las otras, esas otras necesidades valga la paradoja contingentes, artificiales y consumistas de nuestros días. Es ésta una sociedad adinerada y neutra, anímicamente gris, creativamente roma y castrada, vitalmente fofa, apoltronada en su aislado bienestar, que funciona economicamente a las mil maravillas a costa del dinero sucio del resto del planeta. La «más avanzada democracia» (eso se dicen a sí mismos muy ufanos, y medio planeta lo repite con ellos) funciona gracias a las malas democracias mundiales.

Hoy día hasta el apuntador sabe que gran parte de los impuestos que los canallas del mundo no pagan en sus respectivos países terminan generando riqueza aquí, aunque a nivel popular no sean más que las migajas indirectas caídas de los banquetes de la banca suiza, pero esas migas son lo bastante nutritivas entre otras cosas y por ejemplo para que un meteco como yo pueda vivir aquí mejor de lo que podría hacerlo en su propio país. 

Para ser neutral y que tus vecinos te respeten hace falta tanto ofrecerles paraísos fiscales como contar con un ejército de campeonato. Como dice Dürrenmatt, la neutralidad suiza es una estrategia, una pingüe y segura estrategia: no alinearse con nadie te permite aprovecharte de todos, gane quien gane y pierda quien pierda, sople el viento que sople. 

Y lo que hoy hacen con los paraísos fiscales se parece en el fondo a lo que vinieron haciendo anteriormente, durante siglos, cuando la mayor fuente de sus ingresos procedía de la guerra ajena y se ganaban la vida como mercenarios, para el Vaticano, para tirios o troyanos, matando a sueldo a las órdenes del mejor postor. (A este respecto, he leído que se dieron repetidos casos en los que un suizo cobraba por matar en un bando y su hermano lo hacía en el contrario.) Bien mirado, ser mercenario o ser neutral comparten un rasgo esencial: ideológicamente te da igual ocho que ochenta, lo único que te preocupa es llenarte bien llenos los bolsillos.

Pero los tiempos duros tocaron a su fin para los suizos hace largas décadas. No por casualidad les sopla el viento en popa a toda vela desde las guerras mundiales. A diferencia de lo que hacían como mercenarios, enriquecerse a costa del robo ajeno mediante su banca no les emporca materialmente las manos, aunque sí les emponzoñe el espíritu. 

Si el suizo medio es lo que se suele decir «buena gente», Suiza es un país desalmado. Aunque sería más exacto decir especialmente desalmado, porque, al fin y al cabo, ¿qué país no lo es? Podrá haber ciudadanos morales, pero no países; podrá haber algún ejemplar de homo sapiens con pruritos morales, pero no su especie. 

lunes, 19 de octubre de 2015

SENDOS PELIGROS


Hombre de Vitruvio, Leonardo da Vinci (ca. 1490).

La ciencia y el arte actuales se tiñen respectivamente de religión y de mística. Tanto la una como el otro harían mejor en ceñirse a aquello que ya logran realmente, y en ahondar en ello, en lugar de pretender sobrepasar sus propias e inherentes limitaciones. 

Su verdadera victoria es nuestro aumento de fuerza: el arte nos desata mentalmente, la ciencia nos proyecta en la materia y ambos ensanchan y acendran nuestra conciencia. 

Pero una cosa es aumentar nuestra fuerza (o nuestra sensación de fuerza, que en buena medida viene a ser lo mismo) y otra bien distinta consolarnos de nuestra debilidad mediante sobadas mentirijillas.  





lunes, 12 de octubre de 2015

THE SHOW MUST GO ON!


Jack Nicholson como "The Joker" en Batman, dirigida por Jack Napier en 1989.

«Ningún gran artista ve jamás las cosas como son. Si lo hiciera, dejaría de ser un artista.» Eso decía Wilde. (Me pregunto qué pensaría de los actuales periodistas…) 

Y Nietzsche hila aún más fino: «Los artistas no deben ver las cosas tal como son, sino de manera más total, más simple, más consistente.» Sí, se dirá, pero las cosas no son ni totales ni simples ni consistentes… 

Y Nietzsche eso también lo sabía: «Si no poseyéramos el arte nos mataría la verdad». Sigamos, pues, con la farsa.

Dicho en ripios pareados:  

 No teniendo elección, 
¡pues que siga la función!



 

lunes, 28 de septiembre de 2015

EL ÚNICO ANIMAL QUE PRODUCE BASURA



Ya se sabe (¡y quiero creer, ay, que se debe únicamente a nuestra mentalidad actual, y no a una supuesta naturaleza o condición humana inalterable!) que «a nadie importa lo que no es de nadie». 

¿Será cierto que los humanos necesitamos creernos propietarios exclusivos de algo para cuidarlo? Sin vallas o cercones, sin muros o fronteras, ¿quién cuida, cultiva o se siente parte de un terruño? A menos que te contrate un ayuntamiento, lo común no lo limpia nadie. 

Ya se sabe que los océanos están infectados de basura, especialmente de residuos plásticos microscópicos que terminan en las panzas de los peces que nos comemos.

Ya se sabe que el aire que respiramos, que aún es gratis de milagro, es cada día más tóxico, especialmente en las grandes ciudades.

¿Y por qué iba a ser distinto en el espacio? A tenor de los siguientes datos, imaginad lo que podríamos hacer con la galaxia:

«En 2015, la masa total de basura espacial en órbita supera las 6.000 toneladas; la red estadounidense de vigilancia de basura espacial está actualmente siguiendo más de 22.000 objetos de tamaño mayor a 10 centímetros; los datos indican que hay unas 500.000 piezas de basura mayores que un centímetro y más de 100 millones de tamaño superior a un milímetro, recuerda el informe de la NASA. [...] Las medidas que se vienen adoptando hasta ahora resultan insuficientes para evitar el aumento de la basura espacial en el futuro.» (El País, 12-V-2015).